En la alegoría de mis caprichos,
te converso en un verso eterno
en que frente a frente, te tengo
y mi boca cándída se acerca a la tuya
y tus labios, como un témpano se encuentran
y lo pulcro de esa frialdad
fátiga la carne, que besa desentrañándose
consumiendo en un vapor
de cada escarcha vacía.
Todo en ese invierno, que perduro
estación tras estación.
te converso en un verso eterno
en que frente a frente, te tengo
y mi boca cándída se acerca a la tuya
y tus labios, como un témpano se encuentran
y lo pulcro de esa frialdad
fátiga la carne, que besa desentrañándose
consumiendo en un vapor
de cada escarcha vacía.
Todo en ese invierno, que perduro
estación tras estación.
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