domingo, 11 de abril de 2010

Un tú, un yo y un amor que se disemina en el vacio.

Quiero tratar de explicarme el cómo y el por qué de todo esto, entender de qué manera llegaste hasta este punto sin soltar nada. Esas ataduras de tus entrañas que no dejaron que entraras en las mías. Por qué tu amor nunca avanzó de "nivel", siempre estancado, al día a día. Es fácil inferir de que no te proyectas en la relación y que efectivamente yo no soy parte de tu futuro, mas sí de un presente efímero que no lleva a ninguna parte. Excepto a mí cariño, ilusamente yo pensaba que todo iba a un bien común perfecto, encaminadas a una relación estable y de compromiso mutuo, donde la partes viven una simbiosis que autosubsiste. Pero no somos gusanos, somos cuerpos, somos almas por separado. Y eso es algo que me costó comprender, hasta hoy. Tú siempre delimitaste eso siempre, y okey, no puedo hacer nada, simplemente me equivoqué. Tomaste mi amor y lo viste crecer, aún cuando sabías que terminaría, que agarrarías una tijera que nos despedazaría, y bien, ya estás tú por allá y yo por aquí, un poco más cerca quizás, pero paradójicamente más acabada. Es cierto entonces, de que no vamos al mismo objetivo. Por lo tanto, debes saber y tener claro que nuestra relación de compañía, se ha terminado, yo no quiero seguir viviendo en una ilusión que no se concretará nunca, porque eres un ser independiente. Mientras que yo vivía para darte mi amor. Un amor que por cierto, no necesitas.

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