viernes, 4 de abril de 2008

Golondrina de invierno

Golondrina que ha llegado desde lo más frio una mañana abolorotando sus alitas, cantando buenos días. Se ha posado en la ventana, mirando todo ilusionada, como nuevos paraisos. Silba y silba golondrina que impregna mi habitación con sus alitas que huelen a jasmín de flores ya tocadas. Golondrina de invierno que busca compañia, me pide ser su copiloto, pero no tengo alitas, supongo que fue su don volar alto sin paracaídas. Han pasado las mañanas y me pregunto qué pasa si un día no regresa. Ella fiel a los calores día día revolotea, trae amigos, juega, mirada perspicaz, me seducen sus sonidos de ave fertil y quiero ser golondrina, sus alas me hipnotizan, pico de pan. Plumas de ruiseñor, sureño ruiseñor. El invierno se asoma y la mi golondrina (la hice parte mía) se ve cansada, algo ocurre y no lo asimilo, ya no silba, parece obligada. El invierno huele a desolación y la golondra no se asoma en el balcón. Ya debe de estar cantando al verano en otra ventana, en otra estación.

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