Preludio insensato en la búsqueda de respuestas agenas, no hay tregua.
Primero el veredicto, luego las palabras. El sentir y la reacción animal, siempre tan bien vinculadas.
El pensar muchas veces es un acto secundario. La perspectiva idealista, las patrañas fascistas, ese amor ílegitimo, lleno de ataduras, no debe perpetuar.
Me parece, a veces, que la constancia es un tema ligero, sobre todo cuando se mira desde la grada más alta, pero en las calles embarradas y en los montes borrascosos, son muy pocos los que cometen la hazaña de ser libres de sus actos, consecuentes, fuertes y pertinentes.
Quisiera tener la sutilesa precisa para decir, armar batallas argumentadas y ganarlas. No hablo de persuación, mucho menos manipulación, que se entienda la gran brecha de esas dos palabras, la primera existe cuando entre las partes hay un consenso y una consciencia sobre la influencia impuesta.
De todos modos, sin intención de aburrir, prosigo al siguiente punto. La incongruencia, esa resonancia prohibida en la mente humana. Qué desagrado más grande sentirse inconsecuente, de los actos, de lo que decimos. Me parece justo hacerse responsable de las palabras que emitimos, es tan fuerte el poder de la palabra, qué podriamos cambiar el rumbo de la vida, de la muerte. ¿Cuantas veces hemos oido que chiquillas jóvenes se suicidan por tipos que nunca supieron decir la verdad?, o decir simplemente... no es fácil cuando se tiene quince años y lo único que crees es sentir un amor del verdadero, una cagada y listo, te vas al infierno. Quizás la comunicación falla, tal vez se es muy inmaduro para entender el concepto del amor, es todo nuevamente, tan ligero, y la vez tan denso. Es ahí cuando llegamos al tema de adolescer, el sentir todo como un puñal. Cuando por primera vez se llora con razón, cuando todo es tan sentido y sinsentido. La vida sola te da la cuenta y lavar platos no es la mejor opción, quedar en dicom, menos... ser rico está en el alma, en tomar las vivencias y que no sean sólo pérdida de tiempo. No es todo en vano, nada es gratis, la vida es un boomerang mortífero y quiero estar ahí cuando caigan las cabezas de quienes han herido a los mios. Cero rencor al menos, eso carece en mi corazón. Por último, al darme vuelta en tantos pecados no oficiales, ligados siempre a la palabra, quisiera tocar el último punto, del cual no me libro... Soberbia... la mierda de color oro, la fachada de la casa del dealer, la mano de poker del ciego... nada, nada es peor que premeditar, afirmar, y jactarse de lo que no ha sido, queda mucho por aprender y lo sé. Pero no más caídas a causa de ese desdén, que creí fuera fruto divino y terminó siendo más podrido que lo que envuelve al cuesco solitario.
ahora, me viro.
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