En el hontanar de sus besos, nace una boca rosa.
En el suelo de su piel hay un bosquejo, del cual no me libero.
El roce de sus mejillas, me traen y me devuelven a viejas reminiscencias de la pureza.
Acaece un susurro, es el viento.
Acaece que la quiero y no desvelo.
Son vidas que vuelan, saltan y silban.
Es la alegría de una esperanza fatigada.
Se puede querer, se puede desear pero es inmanente el desgajo de las palabras,
La falta de hondura, el intrínseco anhelo de lo que ya no es.
Y ahora sí podría desvelarme, develando el misterio
De esas voces que acallan mi ansiosa respuesta.
En el suelo de su piel hay un bosquejo, del cual no me libero.
El roce de sus mejillas, me traen y me devuelven a viejas reminiscencias de la pureza.
Acaece un susurro, es el viento.
Acaece que la quiero y no desvelo.
Son vidas que vuelan, saltan y silban.
Es la alegría de una esperanza fatigada.
Se puede querer, se puede desear pero es inmanente el desgajo de las palabras,
La falta de hondura, el intrínseco anhelo de lo que ya no es.
Y ahora sí podría desvelarme, develando el misterio
De esas voces que acallan mi ansiosa respuesta.
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