Me alegra no haber gritado la última vez, sino haber susurrado letra a letra las palabras de mi interior. Una carta de desilusión con un profundo sentido del perdón en medio. Quizás demasiado amor para tanta apatía. Pero es mi alma así de sencilla y delirante. Deseando hasta el último momento la redención, comunión y olvido. Parece contradictorio querer olvidar pero no dejar, no sentir dolor pero no dejar el fervor del afecto. Al menos me contento, que si bien la indiferencia recibida, puse mi mejor rostro, al final de los finales. A la historia que se acaba porque ya no hay donde ponerla. No hay presente, y el futuro ya se acompaña de la esperanza adolorida. Es el dejo más honesto, sin burlas, sin faltas de respeto. Lo más calma, lo menos impulsiva, solo la transparencia de una pena y de un amor inconcluso, no correspondido.
Jamás sentiré odio, solo una profunda insatisfacción, frente a quién dí y daría todo. A quién solo le deseo felicidad y aprendizaje, que mucho le hace falta.
Seguiré caminando, dando vueltas al olvido que no tiene puerta de salida, que no me suelta la cadena ni el alma rota.
Jamás sentiré odio, solo una profunda insatisfacción, frente a quién dí y daría todo. A quién solo le deseo felicidad y aprendizaje, que mucho le hace falta.
Seguiré caminando, dando vueltas al olvido que no tiene puerta de salida, que no me suelta la cadena ni el alma rota.
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