domingo, 27 de enero de 2008

La cueva de los perros.


Fue una noche bajo las estrellas de un pueblo silencioso. Huímos como suicidas de nosotros mismos, pocos instantes nos atrapó la lluvia, un árbol nos abrazaba para no sentirnos en soledad. Pasaron las horas sólo oyendo a los perros ladrar y nos anidamos en nuestros deseos, sintiendo nuestros cuerpos gritar esperando un rayo de luz. Y ya otra vez nos entrelazamos en tu cama, ya no quiero escapar más. Ha llegado el momento de madurar y mi alma me pide descanzar. Yo sé que eres tú quién todo me lo puede dar. Basta de equivocaciones, seguiré con mis convicciones esperando... simplemente esperando, tal vez otro bus, otra caricia, otro deseo entrañado, otro beso, otro verano. Sálvame.

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