
La estación estaba casi vacía cuando el sol entraba por la ventana brindando los primeros rayos de calor. El se notaba impaciente, más bien inquieto, movía sus piernas con una notoria resignación. No podía creerlo, después de todo lo que habia ocurrido tomaría mis maletas como si no tuviera el corazón destrozado (y mi pecho desgarrado). el tren partiria a las 11ººhrs, sólo serían veinte minutos de miradas y palabras austeras. Sólo le quedaba una fotografía en su polaroid, le dijé "qué esperas, tómame mi última fotografía" Obstinado me miró, miró el suelo y me dijo sobrio "La tengo para algo especial" Entendí que no quería recordarme. Ya se estaban haciendo eternos los nueve minutos agrios que me quedaban para partir, sí, marchar, ir lejos. Ambos sabíamos que era lo mejor, al menos lo correcto. pero también debía entender que de alguna manera estaba huyendo de amargos pasajes oscuro de este pueblo de huachos. Me limité a besarlo y tocar su cuello, su pelo, su sien. Abrazarlo y soltar su mano para tomar mi lugar adentro del bagón. No me dí vuelta pero sé que él seguía ahi esperando por mí, esperando mi arrepentimiento y que corriera a sus brazos, pero ya era demasiado tarde. Y ahora... ahora que puedo ver su última fotografía comprendo que no era que quería olvidarme, sino recordar ese momento ahí, el día, el olor del humo del carbón, el sonido de los fierros chirriando, sentir las primeros calores de ese sol. Recordar, sólo recordar. -
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