De a poco, el aprendizaje súbito se ha ido apoderando
de esos rincones recurrentes, de esas sensaciones a las que tanto me aferré
dejar ser, dejar de ser.
La vida parece tan simple cuando sólo se debe dejar de mirar atrás.
Yo sé -lo he sabido tantas veces-
que mis manos que fuertemente contenían los deseos
se han soltado.
A pesar de cuanto me contuve, de cuanto me negué
es innegable que en esa lucha por persistir, estaba sola.
No es posible conjugar palabras de amor cuando el sentimiento se ha ido
existe un vacío y a pesar de que ya entiendo las conjeturas
siento esa desgracia de la des valoración, de ser nadie en ese espacio tan sagrado
y ya, en verdad, no creo justo hablar de aquello.
De qué sirve cuidar tanto la imagen y el cariño proyectado hacia alguien
cuando te han dejado ir ya hace mucho.
Vuelvo a volar con alas propias, sin esperar que alguien esté atento a mis caídas
Lo triste -un poco- es que los caminos bifurcados son difíciles de unir
y después de tantos corazones pisoteados tengo miedo de sentir.
Ya no creo en lo que antes fue mi filosofía, la vida está vuelta para arriba
y nadie, nadie puede ayudarme.
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