Te mueres, te disgregas y disipas
Y te vuelves a juntar en tu única masa
-uniforme por cierto-
Llena de pretextos y osadas manías
La soledad, sí, la soledad que te envuelve
Se arrodilla ante tí y te otorga esa ínsipida alegría
Tiende su mano a tu haber, te masturba, te consuela.
Ya más nada se necesita en el hueco de tus piernas
Ni el roce, ni la compañía aglutinada en algo más bien insustancial.
La emocionalidad perecedera, esa porfiada analogía con tus llagas.
Ya no existen dilemas, pues la serendipia de hallarte es insostenible
Cuando ya no eres, cuando vuelves a ser particula y nada,
Follada en la serena soledad.
Y bajo el velo del placer sagaz me recuerdas y me aborreces nuevamente.
Pues sigo buscando tu obscena belleza, no bien
los parpados aún pesan.
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